Posts, Zona Geek

Sam Vimes y los aristócratas

vimes2.jpg

“El capitán Samuel Vimes estaba contemplando con ojos vidriosos un punto situado en algún lugar hacia la izquierda y justo por encima de la oreja izquierda de la persona que acababa de hablar.

El humo de los puros flotaba en el aire casi inmóvil. Vimes era vagamente consciente de que había pasado varias horas ingiriendo demasiada comida en compañía de personas que no le gustaban.

Anhelaba el olor de las calles mojadas y la sensación de los adoquines bajo sus suelas de cartón. Una bandeja de copas para después de la cena estaba orbitando la mesa, pero Vimes no la había tocado, porque Sybil se molestaba. Y ella intentaba ocultarlo, y eso molestaba todavía más a Vimes.

El efecto del Abrazodeoso ya se había disipado. Vimes odiaba estar sobrio. Al estarlo empezaba a pensar. Uno de los pensamientos que luchaban por hacerse con un poco de espacio dentro de su mente era que las opiniones humildes no existían.

Vimes no había tenido mucha experiencia con los ricos y los poderosos. Por regla general, los policías no la tenían. No se trataba de que los ricos y los poderosos fuesen menos propensos a cometer crímenes, sino sencillamente de que los crímenes que cometían tendían a estar por encima del nivel normal de criminalidad que se encontraban más allá del alcance de los hombres con botas baratas y cota de malla oxidada. Tener cien propiedades. Tener cien propiedades en los suburbios no era un crimen, pero vivir en una de ellas casi lo era. Ser un asesino -el Gremio de Asesinos nunca llegaba a decirlo en voz alta, pero una cualificación importnte para ingresar en él era la de ser hijo o hija de un caballero- no era un crimen. Si tenías suficiente dinero, difícilmente podías llegar a cometer ninguna clase de crimen. Lo único que hacías era perpetrar divertidos pecadillos”.

Hombres de armas (Men at arms)
Terry Pratchett, 1993

Un comentario en “Sam Vimes y los aristócratas

Los comentarios están cerrados.