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Sam Vimes y el café negro

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“El café de Sham Harga era como plomo fundido, pero tenía una cosa a su favor: cuando lo bebías, siempre experimentabas una abrumadora sensación de alivio por haber llegado al fondo de la taza.

– Ese cafñe estaba realmente horroroso, Sham.
– Cierto -dijo Harga.
– No, quiero decir que en mis buenos tiempos he bebido muchísimo café malo, pero eso, eso ha sido como si alguien me estuviera pasando una sierra por la lengua. ¿Cuánto tiempo estuvo hirviendo?
– ¿Qué fecha es hoy? -preguntó Harga, limpiando un vaso. Generalmente siempre estaba limpiando vasos. Nadie descubría jamás qué ocurriía luego con los vasos limpios.
– Quince de agosto.
– ¿De qué año?

Sham Harga sonrió, o al menos movió varios músculos alrededor de su boca. Sham Harga llevaba muchos años triunfando en el negocio de la restauración gracias a que siempre sonreía, nunca fiaba, y era muy consciene de que la mayor parte de sus clientes querían comer algo que estuviera adecuadamente equilibrado entre los cuatro grandes grupos alimenticios: el azúcar, el almidón, la grasa y los trocitos quemados y crujientes.

– Me gustaría tomar un par de huevos -dijo Vimes-, con las yemas duras de verdad pero las claras tan poco hechas que goteen como si fueran melaza. Y quiero panceta, esa panceta especial que está toda cubierta de nódulos huesudos y le cuelgan trocitos de grasa. Y una rebanada de pan frito. De la clase que hace que te crujan las arterias solo con mirarla.
– Un pedido difícil -dijo HArga.
– Ayer conseguiste que te quedara bien. Y ponme un poco más de café. Lo quiero tan negro como la medianoche en una noche sin luna.

Harga pareció sorprenderse. Aquello no era propio de Vimes.

– ¿Como cuánto de negro es eso? -preguntó.
– Oh, pues yo diría que condenadamente negro.
– No necesariamente.
– ¿Cómo?
– En una noche sin luna hay más estrellas. Es lógico, ¿verdad? Se las ve más. Una noche sin luna puede ser bastante brillante.

Vimes suspiró.

– ¿Tan negro como una noche sin luna que esté muy nublada? -preguntó.

Harga contempló su cafetera con expresión pensativa.

– ¿Cúmulos o cirroestratos?
– Disculpa, ¿cómo has dicho?
– Las luces de ciudad siempre se reflejan en los cúmulos porque son nubes bastante bajas, ¿comprendes? Ojo, puede que te encuentres con un poco de dispersión del reflejo a gran altura debido a los cristales de hielo que hay suspendidos dentro de…
– Una noche sin luna que sea tan negra como ese café -dijo Vimes con voz hueca.
– ¡Bien!
– Y un donut. -Vimes agarró a Harga por la chaqueta llena de manchas y tiró de él hasta que sus respectivas narices se tocaron-. Un donut tan donutesco como un donut hecho de harina, agua, un huevo grande, azúcar, un pellizco de levadura, canela para darle saboor y un relleno de crema, gelatina o rata dependiendo de las preferencias nacionales o de la especie, ¿de acuerdo? Pero no tan donutesco como algo que sea metafórico en ningún sentido. Solo un donut. Un donut.
– Un donut.
– Sí.
– Bastaba con que lo dijeras.
Harga se pasó las manos por la chaqueta, le lanzó una mirada dolida a Vimes y volvió a entrar en la cocina.”

Eso es todo por hoy, se me enfrían el café y la dona.

Hombres de armas (Men at arms)
Terry Pratchett, 1993

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