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El último jueves de locura

Como dijo Bunbury, la locura nunca tuvo maestro para los que vamos a bogar sin rumbo perpetuo. ¿Cómo defines, entonces, la esencia de un jueves de locura? ¿Qué define el jueves de locura? ¿Es lo que se consume, dónde ocurre o quiénes participan?

Yo confieso que no estoy cerca al movimiento, ni me ha interesado nunca estarlo, así que tampoco seré la persona que se encargue de narrar los inicios de estas tertulias de bebedores ahorrativos, por no decir lo que tengo en mente. Eso que lo ponga quien corresponda en los comentarios. Tampoco puedo hablar de lo que ocurre u ocurrió en los jueves de locura. Mientras no nos puedan probar nada, eso no le corresponde a nadie. Yo quiero descifrar la locura (¿quién mejor que yo) detrás de estos meses de simplonadas salpicadas de brillantez y buena suerte.

Fue ocurriendo de a pocos. Mauricio, Manny y Aldo deben haber sido los que más lo llegaron a materializar. No es el quinto año. No es momento tampoco para arremeter contra la Universidad de Piura, sería ingrato de mi parte. Los jueves de locura nacieron del hastío, de la desesperación de no poder aguantar un solo día más para tirar las preocupaciones por la borda (aunque volvieran, como ahora, cada domingo por la noche) y salir a buscar con qué despejarse la cabeza. Nos pasamos 4 años y medio (o 5, 6 y 7, según el caso) corriendo la mayor parte del recorrido a ciegas, y cuando ya sentimos cerca el final nos preguntamos para qué miércoles hemos llegado hasta aquí.

Y es generacional. Los que salieron antes de nosotros no se veían tan empinchados en sus últimos años. Los que nos siguen son otro lote completamente distinto. En otra época podríamos haber sido bohemios, librepensadores, revolucionarios, vándalos o ideólogos. Por ahora hemos llegado a ser un poquito de cada uno, pero no logramos concretar qué es lo que nos toca. Nos congela el miedo a la vida que sigue, a las expectativas que debemos llenar, la gente que no debemos defraudar, tener que decidir si viviremos el próximo año media vida o una doble vida, si vender nuestro talento o ahogarlo para producir y dejar de joder a los viejos, las desilusiones que vendrían (reforzadas con recuerdos de los fiascos ya vividos), y toda clase de miedos e inseguridades que sólo se pueden compartir con un cuarto de litro de ron en las tripas.

Había una historia en El narrador de cuentos sobre una chica que no debía hablar durante tres años, porque de lo contrario sus hermanos quedarían convertidos para siempre en cuervos. Ella debía callar su dolor, sus problemas, y hasta su propia misión para al mismo tiempo salvar a los que quería y evitar perjudicarlos. Cuando las torturas de la madrastra (siempre hay una) fueron demasiadas, hizo un hoyo profundo en la tierra y gritó dentro de él con todas sus fuerzas y toda su angustia. Tal vez eso sea lo que buscábamos cada jueves, no podemos darnos el gusto de mandar todo al diablo, por más que querramos hay un llamado más o menos fuerte a hacer algo con lo que tenemos, pero si la vida nos jode por todos los flancos, al menos intentaremos dar un grito inarticulado, lleno del aburrimiento, la rabia y el inconformismo que nos tragamos todos los días. A veces no hace falta hacer ruido, sólo quedarse en vela hasta las 4 o 5 de la mañana con un par de amigos y dos latas de cerveza. Otras veces tienes que hacer todo el ruido que puedas, emborracharte hasta la inconsciencia.

Y en realidad no tengo idea de si estoy en lo cierto o no, o si las potencialidades terapéuticas que le atribuyo al jueves de locura son lo que digo. Sólo puedo asegurar que fue divertido. Era una pena cuando no los había, y jodía que se acabaran. Esperemos que haya una segunda temporada. Por mí, y si todo me va bien, que se abra una franquicia en la capital. Sólo por el gusto de recordar este ciclo.

2 comentarios en “El último jueves de locura

  1. volveran las oscuras golondrinas y los jueves de locura; por mi salud mental (algo contradictorio) , por la tuya, por la de todos los integrantes y los q desearin serlo. La U aun no acaba, los finales empiezan en 30 min (son las 8.30 am) y a los s…is mejor ni mencionarlos. aun qdan motivos para los “gritos inarticulados” y las terapias a punta de amigos, sinsentidos y alcohol. Salud! nos vemos el jueves

  2. soy yo y eres tú, quien lleva esta mala sangre, camarada. Gracias por la sinceridad y los alcances Gallín. Yo tampoco participé de muchos, y por momentos pensé que los jueves de locura debían ser cafés de tías del Adainen comparados con las jornadas repletas de excesos de la jato Yapur.

    No estaba equivocado, pero son instituciones diferentes, con sentires diferentes y en momentos diferentes. Ahora puedo testimoniar que los jueves de locura son la única forma de cordura que pudimos encontrar a ese miedo paralizante por lo que se nos avecina. Y son de puta madre.

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