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Las contraseñas en el Mundodisco

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“Una figura envuelta en una capa negra recorría las calles nocturnas, pasando de portal a portal para ocultarse, hasta llegar a un portalón sombrío. Ningún portalon puede llegar a ser tan sombrío sin esfuerzo. Parecía tomo si el arquitecto hubiera recibido instrucciones concretas. Queremos algo escalofriante en roble oscuro, le debían de haber dicho. Así que pon una gárgola bien desagradable sobre el arco, que al cerrarse suene como la patada de un gigante… en fin, que quede bien claro para cualquiera que la vea que no es una de esas puertas cuyos timbres hacen «ding-dong».

La figura dio una serie de golpecitos a un complicado ritmo en la madera oscura. Se abrió una pequeña mirilla protegida por barrotes, y un ojo suspicaz escudriñó el exterior.

– El búho sensato ulula a medianoche -dijo el visitante, tratando de sacudirse la lluvia de la capa.
– Pero muchos señores grises contemplan con tristeza a los hombres sin amo -entonó la voz al otro lado de la rejilla.
– Hurra, hurra por la hija de la hermana de la soltera -replicó la figura empapada.
– Para el verdugo, todos tenemos la misma altura.
– Sí, sin duda la rosa está dentro de la espina.
– La buena madre prepara sopa de verduras para su hijo descarriado -siguió la voz tras la puerta.

Hubo una pausa durante la cual sólo se oyó el sonido de la lluvia.

– ¿Qué? -preguntó al final el recién llegado.
– La buena madre prepara sopa de verduras para su hijo descarriado.

Otra pausa, esta vez más larga.

– ¿Estás seguro de que la torre mal construida no tiembla al paso de la mariposa? -insistió la figura empapada.
– Qué va. Es la sopa de verduras. Lo siento -la lluvia seguía cayendo despiadada sobre el embarazoso silencio.
– ¿Y la ballena enjaulada? -preguntó el empapado visitante, tratando de arrebujarse en el escaso refugio que ofrecía el temible portal.
– ¿Qué le pasa?
– Que no sabe nada sobre las grandes profundidades, para que te enteres.
– Ah, la ballena enjaulada. Tú a los que buscas es a los Hermanos Esclarecidos de la Noche Ébano. Es tres puertas más abajo.
– ¿Y quiénes sois vosotros?
– Somos los Iluminados y Antiquísimos Hermanos de Ee.
– Creía que os reuníais en la calle Melaza -señaló el hombre empapado.
– Sí, bueno, pero ya sabes cómo van estas cosas. Los del taller de marroquinería usan la sala los martes, y nos hicimos un lío.
– Ah. Bueno, pues gracias.
– No hay de qué.

La puertecita de la mirilla se cerró.
La figura envuelta en la capa se la quedó mirando un momento, y luego chapoteó sobre los charcos, calle abajo. Era verdad, allí había otro portal. El diseñador no se había molestado en variar mucho el estilo.”

¡Guardias! ¡Guardias! (Guards! Guards!)
Terry Pratchett, 1989

2 comentarios en “Las contraseñas en el Mundodisco

  1. hoy es un día histórico para nosotros, hermano.seeeerio…..esperan noches largas,pero se alivianan con un saco verde y una bufanda gris, o sea, no golpean,se pasan solas.

  2. Se agradecen las buenas intenciones. Las noches se pasarán solas, pero la expectativa, la impotencia de cara a la fortuna, una delgada línea cruzando el corazón y el pánico a todo lo que puede salir mal me joden mientras tanto.

    En fin, si todos los nacimientos son dolorosos, no hay razón por que los renacimientos no lo sean.

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