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Anoche llovió en Piura

Anoche, precisamente a la medianoche y con un nivel poco recomendable de alcoholemia, me fui a pasear por las calles de Piura. Debería explicar primero que estos últimos meses los dediqué a redondear mis relaciones con muchas mujeres. No logré atar todos los cabos sueltos, cada una exigía un cuidado, una atención especial al detalle y a armar cada frase de manera que complete lo que nunca les pude decir y no deje nada pendiente. Y claro, sin darme cuenta al principio (¿ya dije que andaba tomado?) salí a la calle a despedirme de Piura.

Toda ciudad grande es comparable a una mujer. Ya lo decía Sam Vimes:

La ciudad era una, una, una cosa de ésas. Una mujer. Eso, una mujer. Una mujer vieja y eso. Te seducía, te dejaba que te eso, que te enamoraras, y luego te daba una buena patada en eso, en, en la, cosa con d, en la dengua, no, en los dientes. Eso, eso es lo que hacía la muy, la muy animal, ya sabes, la mujer del bicho ese, la zorra. Y entonces la odiabas, y justo cuando pensabas que ya la tenías en un, en un, bueno, en un ése, te abría su enorme corazón podrido y te cogía de impra, impre, improviso. Eso. Nunca sabías a qué atentarte, atontarte, atenerte. Lo único que sabías era que no podías soltarla. Porque era tuya, tuya hasta la última alcantarilla…

Esta vez fue muy pronto. La última noche que recordaré en Piura será con lluvia. Salí a caminar sin saber que quería ver la Sánchez Cerro, el Óvalo Grau y la calle Lima otra vez, vacías, sin nadie que me distrajera. Sólo la quería a ella, a la hospitalaria, a la quedada, la chismosa y murmuradora, a la amable y llenadora, a toda la gloria y toda la mierda que le pega a la gente que vive un tiempo por aquí. De haber sabido a lo que iba hubiera llevado una mejor cámara, tal vez un trípode y alguien que me ayudara a cargar todos los adefesios. No quiero decir que no me quisiera ir. Yo quiero irme, pero aún así no se siente tan bien. Me iré solo, a tentar suerte, demostrar qué puedo hacer, tratar de quedarme allá… y no encuentro nada después. Tal vez debí salir antes, y estar preparado con anticipación para lo incierto, o tal vez es del tipo de incertidumbre que te cae de todas maneras.

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A las 6:30 p.m., hora en que se publicará este post, salgo para Lima. No sé qué irá a pasar, quiero hacer mucho pero no tengo idea de nada. Dejo muchos papeles pintarrajeados, muchas cartas sin entregar, y tequieros que pude haber dicho más alto o con más convicción. Debí haberme ido antes para tener menos tiempo de pensar las cosas. Un abrazo gigante, gigante, como los molinos de viento, y largo, largo, como de aquí a Tangamandapio.

4 comentarios en “Anoche llovió en Piura

  1. Actualizacion:

    Pasado el alboroto y la histeria previa, la llegada ha sido de lo mas tranquila y familiar. Me habia olvidado del feeling de que aca tengo practicamente una segunda (o tercera?) familia, sin contar a los chicuelos que andan por aca.

    Mas tarde contare con mas detalle que fue del primer dia por aca. Y mas tarde aun, bebere hasta la noqueidad.

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