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Know Your Gallín! Introducción: De Lima a Piura y de vuelta

Bienvenidos sean a esta la primera edición de su segmento autobiográfico bautizado como Oscar Gallo 101 – Know your Gallín! (y tienes que haber sido fan de la WWF para entenderlo). En este espacio me voy a meter en problemas con muchas personas tratando de explicar, o al menos hacer un recuento, de todo lo que me ha pasado en la vida y que me ha llevado a donde estoy ahora.

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Estábamos arrancando el segundo gobierno de Fujimori. Es lo más preciso que puedo ser, porque éramos unos infantes que todavía podían salir a la calle en pijamas y saltar en las lonas de El Molino, en Piura, sin llamar la atención. Y bueno, lo dice alguien que se escabullía a los 18 en los tonos del Tótem para seguir saltando… pero esa es otra historia. Ahí debe haber sido cuando la conocí, y a su hermana, en un viaje de visita de sus viejos por el norte. A esa edad no piensas todavía en encontrones o arrumacos a escondidas. Si a esa edad te dicen: “esta es tu amiguita, anda juega”, van y rebotan como Flubber casi hasta la náusea (y con los pollos de El Molino, esa era una frontera muy difusa).

Unos cuantos años después, a menos de un año de la explosión de los vladivideos, ad portas del Y2k y sin saber todavía si el siglo XXI arrancaba el año que venía o el siguiente, llega la Tere Benza de México a armar el gran pachangón multifamiliar de fin de siglo. Entre los invitados, Ramón Gallo (hermano de Ronald y tío de un servidor) y su esposa Úrsula apuntaron a Federico Fajardo (hermano de Úrsula, padre de la niña de los trampolines) y su esposa Liliana para la fiesta. Y bien, se llevaron a las cuatro hijas, entre ellas la susodicha, en pleno refinamiento de rasgos y formas. Resultado: muchas ganas  de cantar después de un tiempo, me la encontré la otra vez… y un acojudamiento de padre y señor mío. En consecuencia, Lima se convirtió en mi destino favorito de vacaciones durante al menos 3 años. No podría empezar a enumerar todo lo que me gustó de ella, porque no acabo el post del purito roche.

(más abajo viene foto)

Ese primer verano tuvo su avance, su momemtum para mover los vientos a favor y trabajar una bonita aproximación. Es decir, un corralón total. Lastimosamente, mi poca pericia en esos menesteres, el horror a cagarlas, mi timidez total, y la constante paranoia de prever todo lo malo y pensar en qué pasaría de iniciar una relación destinada a degradarse por la distancia y el tiempo a partir del primer mes, me impidieron cerrar el trato. En ese punto específico de la historia, llámese 15 de febrero del 2000, empezó una deriva, al menos desde mi lado, catastrófica. Nunca en los siguientes encuentros fuimos las mismas personas que conocimos ese verano. Ella se dedicó a una vida más o menos normal, o mejor dicho (y que me perdone por el término), promedio: las típicas jugarretas y escapadas de una adolescente, fumar escondida en los baños y salir con chicos mayores. Vamos, era algo que el Paranoid Android de colegio salesiano de hace 7 ños consideraba inaceptable.

Eso no me quitó las ganas, sin embargo, de invitarla a venir a Piura para mi fiesta de promo, allá por el 2002. Grave error. Buitres, chacales y hienas rondando a la pobre y lindísima criatura, que precisamente buscaba socializar en un ambiente donde no tenía más conocidos que uno. Si te interesa saber qué pasó, hay una alegoría bastante aproximada en la canción El Mago de Cementerio Club.

Entré a la universidad. Ella empezó a salir con un tocayo, yo decidí empezar a recuperar el tiempo perdido. Todo el tiempo templado de ella no me interesó nadie más. Mis habilidades sociales se reducían a practicar el X-Treme Vagancy con Gino o… bueno, nada más. Se perdió el contacto y de vez en cuando, si me venía de prácticas o de visita a Lima, me la podía encontrar en algún cumpleaños y/o/u/e reunión familiar. Ayer vino, precisamente para el cumpleaños de Camilita, y hoy un post de Cae (particularmente mi interpretación de la caricatura) me hizo recordar la historia. Parecía como si no hubiera cambiado nada. Ahora yo le digo aburrida y ella se queja de mi afición alcohólica.

Alguna vez pretendí explicar esa relación como dos círculos girando a distintas velocidades sobre un mismo eje, pero donde cada uno de los dos orbitaba, dentro de su círculo, en dirección contraria al otro. Sólo en el momento en que las órbitas se alínean y cruzan lo suficiente para que los cuerpos en órbita se acompañen sin despedazarse el uno al otro, tal vez, sólo tal vez, podamos recuperar la afinidad de entonces.

¿Que cómo es?

(Vivi, mil disculpas si no es tu mejor foto, pero no había mucho de donde escoger aquí)

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