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The Ting Tings: Cruzando los protones a ver qué pasa

Jules De Martino y Katie White se conocieron en la Leeds University, en West Yorkshire, Inglaterra. Que es como decir Mordor, porque no tengo mayor idea de la geografía británica. White pasó de un entorno rural a integrar una girl band llamada TKO, apoyando a grupos como Steps o Five. Five fue probablemente la única boy band decente de la historia, así que se le perdona. De Martino, más citadino y con algo formación artística a nivel académico, había pasado por bandas cristianas e indies hasta que se mudó a Manchester y se reencontró con White y otro amigo, con quienes formaron el naufragio (des)conocido como Dear Eskimo.

Para el 2006 habrían pasado por la escena experimental y multiplataformas de Salford, donde cruzaron energías, como los Cazafantasmas para matar a Zuul, pero con influencias alternativas y pop en lugar de rifles de protones. Aprendiendo de material vejo de los Talking Heads, Velvet Underground o Smiths, empezaron a trabajar letras y a repartir e intercambiar roles. Con ella en la guitarra y él en la batería, fueron construyendo The Ting Tings, un pop británico pegajoso y potente, que se zurra en el estilo del mainstream y se deja reconocer enseguida. Otra cosa es tratar de definirlo en sí mismo. A veces parece que en Franz Ferdinand se robaron a Charlotte Cooper de Subways, o The Knack fusionado con Yeah Yeah Yeahs.

O se lo podemos dejar a Michael Endelman de Rolling Stone:

Este dúo británico tiene actitud punk. Pero –shh, no se lo digan a nadie- los Ting Tings son estrellas pop. Tanto la cantante y guitarrista Katie White, como el baterista Jules De Martino, solían tocar en grupos teen pop de segunda línea. Sus primeras experiencias obviamente los resintieron contra la industria discográfica: De Martino admitió que el contundente single “Shut Up and Let Me Go” era una canción sobre la ruptura con su anterior sello, no sobre un antiguo amor. Esos años de formación, sin embargo, también les proporcionaron un instinto entrenado en estribillos pop pegadizos, lo cual explica probablemente por qué Apple eligió “Shut Up” para su reciente publicidad de iPod. En su disco debut, los Ting Tings crean un sonido new wave implacablemente vital: “That’s Not My Name” es una canción al estilo Toni Basil pero con cadencia punk-funk; “Be the One” suena como Blondie, y “We Started Nothing” combina un ritmo cortante con vientos souleros. Los Ting Tings meten la suficiente cantidad de guitarras desprolijas, letras girl-power y toques subsónicos de Moog para darle a We Started Nothing una cierta cualidad arriesgada. Pero es sólo la fachada: un disco que es tan disfrutable como cualquiera de Gwen Stefani o Kylie Minogue no necesita credenciales indie.

Como el embebido de los videoclips está bloqueado, dejo algunos singles para que cada uno saque sus conclusiones: Great DJ, That’s not my name y Shut up and let me go (también disponible en vivo).

Más por aquí.

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