MundoReal™, Películas, Posts

Más grande. Más fuerte. Más rápido.

Muchas personas suelen ver a los deportistas de alto nivel como superhombres, héroes, comparables sólo a Steve Austin, el Hombre Nuclear. Yo no soy un aficionado al deporte, aunque como es una de las piedras angulares del mundo del entretenimiento y la televisión, me resulta difícil y de mal gusto dejar una buena serie o un programa cualquiera por evitarlo. Así que tampoco he podido evadir el tema del uso de esteroides en competiciones olímpicas o en deportes donde la fuerza, el tamaño o la velocidad son determinantes del éxito.

Digo todo esto para establecer desde dónde recibo la noticia de Bigger, Stronger, Faster, el documental de Christopher Bell, quien trabajó buen tiempo tras bambalinas de los programas de la WWF (de lucha libre, no del panda). Está en parte producido por Jim Czarnecky y Kurt Engfehr de Farenheit 9/11 y Bowling for Columbine. Hay dos entrevistas aquí y acá, y una reseña allá que pueden ayudar a conocer al autor, el punto de vista y algunas revelaciones de su trabajo. Yo trataré de resumirlo desde mi conocimiento limitado del tema.

Bigger, Stronger, Faster es un documental sobre una cultura que te exige lograr tus objetivos a cualquier costo, que se cuelga de imágenes irreales para empujar a una masa a alcanzarlas, que perdona el pecado pero no el escándalo. Chris Bell ha crecido idolatrando a los grandes de la lucha libre, y empezó este proyecto teniendo dos preguntas en mente: qué daño te puede hacer el consumo de esteroides y qué implicaciones morales tiene para el deporte. De acuerdo con Bell, una sociedad como la estadounidense se obsesiona con el triunfo y aborrece la trampa. Cuando Carl Lewis, la estrella olímpica gringa, fue derrotado por el canadiense Ben Johnson en 1988, frustración y moralismo se unieron para convertir a los esteroides en la nueva peste. En el imaginario popular eran sólo otro tipo de drogas y se optó por ignorar las investigaciones sobre su efecto en la recuperación de pacientes de HIV, cáncer y víctimas de quemaduras.

El documental trata de abarcar todos los estratos posibles del problema. Bell y sus hermanos, todos involucrados a su manera en el fisicoculturismo y los preparados, legales e ilegales, para mejorar el rendimiento físico. El Congreso de los Estados Unidos, donde revela la preocupante falta de información en los altos niveles del gobierno. El mismo Ben Johnson y otros deportistas descubiertos usando sustancias ilegales. El público mismo, que reniega de lo que se meten sus estrellas mientras consumen por su cuenta sustancias legales pero nocivas, como el tabaco y el alcohol. Hasta los medios que aminoran el impacto de estas últimas mientras las muertes por esteroides son ridículamente menores en comparación. ¿Un deportista muerto cuenta por miles de fumadores? ¿Son los intereses comerciales? ¿O el público no quiere oir lo que no le conviene? Ese es tema para otra historia.

Un comentario en “Más grande. Más fuerte. Más rápido.

Los comentarios están cerrados.