Internet, Posts

Divagando a partir de la foto número 3 y nueve ceros de Flickr

De acuerdo a PuntoGeek y al blog de Flickr, esta vendría a ser la foto número tres mil millones de la que bien podría ser la plataforma de fotos e imágenes en línea más popular en este momento:

foto3milmillones

La foto fue subida ayer por garret_ryan_smith, y está repleta de comentarios más referidos al número que al contenido, lo que me resulta más curioso todavía. No faltó el curioso que me ganó y ya tenía localizadas las fotos número dos mil millonesquinientos millones (porque la mil millones es privada) y otras más. A estas alturas estamos generando contenidos casi indiscriminadamente, y lo cuantitativo se convierte con frecuencia en el criterio más conveniente para la necesidad que tenemos de resaltar alguna pieza de las miles o millones que se producen y cargan a la web cada día. Eso es bueno para los sistemas de archivo, los motores de búsqueda y todo el entorno de gestión. Nos creo que nos acordaremos de las fotografías de garret_ryan_smith para cuando salga la foto número 4 mil millones. Tampoco creo que le convenga a Flickr o alguna organización externa juntar un par de millones de jueces para sacar las mejores mil o diez mil fotos compartidas en la web.

Ahora, Flickr al no ser un medio de comunicación, sino mas bien (algo así como) una plataforma de gestión de imágenes digitales, no tiene por qué filtrar, jerarquizar o priorizar alguna imagen sobre otra, eso lo hace cada usuario con sus fotos si es que quiere. Pero es bueno saber que en el caso de un medio de comunicación en línea, particularmente si se desarrolla un medio participativo, el factor humano no podría/debería ser reemplazable por programas o algoritmos que decidan la importancia y publicabilidad del material. Y eso me llama la atención, porque por una parte nos asegura algo en que ocuparnos a los comunicadores dedicados a nuevos medios, mientras que demuestra que no debemos confiarnos en dejarle todo el trabajo a la computadora o el CMS. Son herramientas, y estamos en todo nuestro derecho y deber de destriparlas, manipularlas en vez de temerles como a bichos mágicos que no debemos tocar.

Hasta ahí lo dejo. Esto de escribir sin haber almorzado te lleva a conclusiones de lo más raras.