Cómics, Posts

Camino a Siege 6: El Rey Duende

La dinámica tradicional en el mundo del cómic de aventuras y superhéroes consiste en el protagonista intachable e indudablemente bueno defendiendo al inocente de un malhechor o villano con todas las características del malo. El giro copernicano de los 80’s y 90’s tiró por la borda una dicotomía tan básica y unidimensional, para poner la moralidad del protagonista en duda. Fue el auge del antihéroe, donde personajes como Ghost Rider, Punisher, Wolverine, Spawn, Hellboy, Hitman, etc., prevalecieron y cautivaron a los lectores por dos sencillas razones: porque todas sus fallas hacían más fácil al lector identificarse con los personajes y sus problemas, y porque nunca sabes con certeza cómo va a quedar el protagonista al final de la jornada. No va a recibir las llaves de la ciudad por sus acciones ni va a salir ileso del combate con el villano. Puede perder su trabajo, su reputación, a su familia, la persona amada o partes de su cuerpo, en una expresión viñeta a viñeta de la injusticia del mundo, la tragedia del héroe, la penitencia del que busca redención, y etcétera, etcétera.

Dark Reign, el puente de un año entre Secret Invasion y el regreso de la Era de Héroes según el plan de Brian M. Bendis, busca darle la vuelta a la tortilla de una manera que si bien no es del todo original, no recuerdo que se hubiera tratado antes con tanta intensidad: ahora los malos están a cargo de absolutamente todo.

Al final de la invasión skrull, Norman Osborn fue  el que le voló la cabeza a la reina de los alienígenas delante de las cámaras de televisión, mientras Iron Man, el líder de la mayor organización de defensa superhumana no sólo había fracasado en evitar la invasión, sino también había abandonado el campo de batalla por los desperfectos que los skrull provocaron en su armadura.

Ahora el máximo policía de los Estados Unidos era un hombre que solía volar entre los edificios de Nueva York montado en un deslizador con forma de murciélago, vestido como un duende y lanzando calabazas explosivas a quien pudiera. Claro está, Osborn ya tenía un background de alto perfil antes de convertirse en el Duende Verde. Solía ser un exitoso hombre de negocios, y un prominente inventor de armas y tecnología para fines militares. Es decir, fue el camino que lo llevó a obtener todos los juguetes y la fórmula del Duende. Fue apresado por sus crímenes e incorporado, gracias a sus habilidades de management, a la versión post-Civil War de los Thunderbolts, un programa de reivindicación para súper criminales, teniendo a su cargo joyitas como Bullseye, Venom, Moonstone, además de los ya regenerados Hombre Radiactivo, Songbird y Swordman (Andreas Strucker).

¿Qué es lo primero que hace una mente criminal a quien le han confiado la seguridad de un país y el control sobre una considerable población de psicópatas y bombas atómicas andantes? Pues sentar a los más peligrosos y hacerlos ponerse de acuerdo para seguir haciendo de las suyas mientras aparentan que todo está bien. De esta manera, forman la versión perversa de los Illuminati, el Cabal: Osborn (por Tony Stark, los héroes oficiales), Namor (miembro de ambos), Dr. Doom (por Reed Richards, la parte científica), Emma Frost (por Charles Xavier, los mutantes), Loki (por Dr. Strange, representa la magia) y The Hood (por Blackbolt, dirigiendo una comunidad superhumana, en este caso los súper-criminales comunes). Todos ellos mantenidos a raya por un misterioso personaje secreto aún no revelado.

Una coalición tan volátil no tardó mucho en resquebrajarse. Namor y Doom ya se traían acuerdos secretos, y Namor y Emma Frost compartían un cierto pasado tormentoso. Cuando Osborn se metió con los mutantes concentrados en San Francisco (Utopia), Frost y Namor (también mutante) le dieron la espalda al Cabal y se concentraron en ayudar a Cíclope con el exilio mutante. Sus lugares serían cubiertos por Taskmaster, ahora líder del centro de entrenamiento de Camp Hammond, una decisión unilateral de Osborn que desagradó a sus co-conspiradores. Para colmo, Loki hizo su propia jugada y le ofreció a Hood una forma de recuperar sus poderes después de que el nuevo Hechicero Supremo, Doctor Voodoo, exorcisara a Dormammu de su capa mágica, dejando el equilibrio de poderes en la mesa de Osborn totalmente deshecho.

Tema aparte son los Vengadores Oscuros, en realidad los Vengadores Oficiales ante Osborn y el gobierno estadounidense. Combinando a sus ex-Thunderbolts Bullseye (“Hawkeye“), Venom (“Spider-Man“) y Moonstone (“Ms. Marvel“), además de Daken (hijo de y rebautizado como “Wolverine“), el híbrido kree Noh-Varr (ex-Marvel Boy y ahora “Capitán Marvel“), Sentry (“con el poder de un millón de soles en explosión”)  y Ares (dios de la Guerra), Osborn les dio trajes y nombres clave de héroes tradicionales y los presentó al público como los nuevos y eficientes Vengadores, consigo mismo a la cabeza, bajo la identidad del Iron Patriot (una modificación de la armadura de Iron Man reforazada con el simbolismo del Capitán América). Una vez más, un grupo de egos inmensos chocando entre sí constantemente pero controlados por lo que hace a cada uno funcionar: antisicóticos, dinero, poder, aventura, o el sentimiento de tener control sobre sí mismos.

Estos son los protagonistas por los que nunca esperaste estar sentado al borde del asiento pensando en cuándo y cómo se va a ir todo al demonio. Porque sus victorias aquí, aunque significativas (contra Morgana LeFay o el Hombre Molécula, por ejemplo), siguen siendo victorias de villanos contra villanos. Ni siquiera cuando se enfrentan a los héroes reales sabes qué ocurrirá, sólo que los buenos muy probablemente sólo consigan una victoria parcial.

Dark Reign no tiene la facilidad que tienen los eventos normales de estar contenido en un cierto número de títulos (Civil War superaba los 80 números, según mis cuentas). Al ser el nuevo orden mundial de Osborn un elemento compartido en todo el Universo Marvel (o al menos la parte que opere en la Tierra y los Estados Unidos), prácticamente cada título de la editorial ha tenido un membrete de Dark Reign en la portada durante el 2009. Y una prueba de ello es La Lista, una serie no articulada de 8 one-shots que documentan la manera en que Norman Osborne trata de actuar proactivamente sobre los problemas que él considera está en sus manos resolver después del fiasco con los mutantes en Utopia:

  • Los Vengadores subterráneos de Luke Cage y Clint Barton (Ronin/Hawkeye), en especial desde que Barton se presentó en la televisión a denunciar las artimañas de los Vengadores Oscuros. Resulta en la captura de Barton en la Torre de los Vengadores.
  • Los Hombres-X en Utopia, tratando de poner en aprietos a Namor usando a una versión sobremutada de sus antiguas amantes, la anfibia extraterrestre Marrina.
  • La sola existencia de Nick Furia y sus Secret Warriors, que amenaza directamente su cargo. Basta decir que, con Ares haciéndose el de la vista gorda,  Furia logró tachar un ítem de su lista: pegarle un puñetazo a Norman.
  • Daredevil, como nuevo líder de la Mano. Una trampa tendida entre Bullseye, Lady Bullseye y el Kingpin. No logra su cometido y sirve como un puente entre historias de la serie regular.
  • El Proyecto Arma-Plus y sus atractivos secretos en el desarrollo de armas vivientes superhumanas. Frustrado por la intervención de Wolverine, Fantomex y el disidente Noh-Varr.
  • Hulk, o mejor dicho Bruce Banner y Skaar, el Hijo de Hulk. Más tonelaje y trucos bajo la manga del que podría manejar.
  • Punisher, recibe la peor parte y cae a manos de Daken en un enfrentamiento brutal. Literalmente Frank Castle acaba hecho pedazos.
  • Spider-man, el eterno enemigo del Duende Verde, ahora que logró hacer su identidad secreta otra vez, no podía arriesgarse. Peter Parker termina contraatacando desde su identidad civil, publicando videos de seguridad sobre los experimentos clandestinos de Osborn.

Asgard, que no es parte de los one-shots, pero es el último ítem de la Lista: un reino, toda una nación soberana llena de seres que se hacen llamar dioses y que flota sobre las planicies de Oklahoma, en el corazón de los Estados Unidos. Con un poco de asesoría de Loki, y a manera de homenaje al inicio de Civil War, el Cabal monta una catástrofe en un estadio de fútbol americano, colocando como chivo expiatorio al asgardiano Volstagg. Saltándose el permiso presidencial para invadir una nación extranjera, Osborn coge a su ejército de supervillanos y empieza el Asedio de Asgard.

Empieza Siege.

Un comentario en “Camino a Siege 6: El Rey Duende

Los comentarios están cerrados.