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Doomwar: Eventos comiqueros de perfil bajo con alta satisfacción

La geografía ficticia en cómics da para mucho que hablar. Desde DC, que con Metrópolis, Ciudad Gótica, Blüdhaven, etc., situaba a sus personajes sin tener como referencia ninguna ciudad en particular. El enfoque de Marvel era más aterrizado: no había problema con que Spider-Man y los Cuatro Fantásticos vivieran casi toda su vida en Nueva York, o que el Capitán América proteste ante el escándalo de Watergate. Se trataba de estadounidenses haciendo ficción en su país y, en un principio, para sus compatriotas. Sin embargo, a la hora de introducir personajes extranjeros, como Victor Von Doom y T’Challa, la Pantera Negra, recurrieron a locaciones imaginarias como el país carpático de Latveria y la nación africana de Wakanda.

Es así como en Doomwar (o DOOMWAR, para hacerlo más ominoso), estas dos naciones chocan entre sí tras las sacudidas globales y los vacíos de poder producidos por la Invasión Skrull, el Acta de Registro Superhumano estadounidense, y la caída de S.H.I.E.L.D. como agente del orden global.

Vamos en orden y despacio. Para empezar, Doctor Doom estaba en el Infierno desde Unthinkable, en el 2003, donde intentó aprisionar a los hijos de Reed y Sue Richards de los Cuatro Fantásticos. Vuelve a la Tierra en el preludio a la Civil War por sus propios medios, siguiendo la trayectoria de Mjolnir, el martillo mágico de Thor, cuyo regreso estaba planeado en un principio como parte del crossover. En esta nueva encarnación, Doom asume una posición estelar como el máximo villano (megavillano, le llaman) del Universo Marvel, a ausencia de Kang, Ultrón o Loki. Durante los ultimos años Doom mantuvo constantes choques con los Cuatro Fantásticos, los Vengadores, Namor, Iron Man, Pantera Negra, etc.

Por estas épocas, Black Panther (T’Challa) abandona su vida de aventurero (en muchos sentidos) y se casa con la Mujer-X Tormenta, hija de una princesa keniana, ladrona infantil, lideresa de los X-Men y la nueva Reina Ororo. El motivo fue la necesidad de establecer una familia real para el gobierno monárquico y aislacionista de Wakanda, que había estado descuidado por las aventuras del heredero al trono. El valor estratégico de Wakanda reside en su avanzado nivel tecnológico y místico, décadas por encima del resto del mundo gracias a que evitaron los enfrentamientos tribales y la colonización europea que minaron a las naciones vecinas, además de disponer del preciado vibranium, capaz de absorber cualquier tipo de energía.

Como luna de miel, T’Challa y Tormenta se embarcan en un tour mundial para definir sus relaciones con otros gobernantes superhumanos, como Namor de Atlantis, Blackbolt de los Inhumanos, Tony Stark en los Estados Unidos y Doom en Latveria. Es aquí donde se plantan las semillas del conflicto. Mientras tanto, la pareja real se pasaría unos meses asilados en el Edificio Baxter, reemplazando a los Richards como parte de los Cuatro Fantásticos tras la Civil War. Destacamos a Walter Declun, el ex mandamás de Damage Control, y uno de los principales beneficiarios del conflicto superhumano, quien es rescatado por Doom después de que Wolverine casi lo mata en su investigación del causante verdadero del incidente de Stamford.

Ya adentrados en los tiempos después de la Invasión Skrull, y habiendo repelido con éxito a los alienígenas, T’Challa acude al llamado de Doom para discutir asuntos de Estado en su castillo de Latveria. Como en cualquier reunión en el castillo de Latveria, termina en una emboscada donde los Doombots acaban con las guardaespaldas de T’Challa y dejan al monarca gravemente herido. Debido al cabal formado por Norman Osborn, Doom, Loki, Emma Frost y Namor, la nación africana no tiene quien le eche una mano en el instante. La inestabilidad política de tener un rey incapacitado lleva a Tormenta y el resto de la corte a hacerse cargo de una revuelta de disidentes, los Desturi. La hermana de T’Challa, Shuri, reconoce el daño moral de no tener una Pantera Negra y se somete, con dificultad, al rito y el juicio del Dios Pantera. En paralelo, T’Challa y Shuri viajan por el mundo reclutando aliados para su causa. Al no poder tener ayuda oficial de los X-Men, exiliados en la isla artificial Utopia, consiguen que Wolverine, Coloso, Nightcrawler y los Cuatro Fantásticos los apoyen, además de todo el ejército de guardaespaldas royales, las Dora Milaje. Luego se revelaría que Walter Declun, con su pericia en el mundo de los negocios y una logística truculenta, estaba ocultando todas las acciones y plantas de producción de Doom, haciendo cada movimiento hasta ahora irrastreable.

Todo detona cuando Doom decide atacar Wakanda, apoyado por su facción de simpatizantes en el pueblo y el ejército, y efectivamente tomar posesión del palacio, construido encima del reservorio de vibranium. Usando a Tormenta y los miembros de la corte como rehenes, se abre paso a través de las múltiples cerraduras. Y aquí es donde se pone bueno: Victor Von Doom se despoja de todas sus armas y posturas para revelarse tal cual al veredicto de Bast, el Dios Pantera, en la última prueba para acceder a la bóveda, una prueba de pureza. La exposición que logra Jonathan Maberry, con un Doom arrogante y seguro, enfrentando a una divinidad con la mayor claridad de las intenciones y demostrándole, en un discurso de verdad maquiavélico, la justificación de todos sus actos y la violencia cometidos para alcanzar su idea del orden: un futuro perfecto, bajo el poder de Doom, pero también el único futuro, entre miles que tanto Bast y Doom pudieron avistar con su magia, donde la humanidad se libraría de todas sus dolencias.

Una idea similar ocurría a finales de la primera serie de Exiles, una historia en la que un Doom no desfigurado había logrado el mundo utópico eliminando todos los impulsos de la humanidad. Pero lo que Chris Claremont, pasada su mejor etapa, no logró fue el sentido de soberbia del villano creyendo en su proyecto vital, reconociendo los daños presentes como necesarios para lograr su futuro ideal, una idea mucho más rica que el simple megalomaníaco que quiere “conquistar el mundo” (que también suele ser su caracterización regular). Y además, la gravedad de la situación, la vulnerabilidad y transparencia con la que el malo de la historia tiene que presentarse a un poder mucho mayor que él. Es muy diferente a lanzar un monólogo contra Reed Richards, el que siempre acierta cuando él se equivoca, Namor, el especímen físico perfecto, o Tony Stark, su rival en la guerra de armaduras. Ante todos ellos Doom tiene que pontificar, convertir cualquier diferencia en un combate de egos, y siempre guardarse un señuelo robótico, un arma escondida o una ruta de escape en caso de encontrarse en desventaja. Maberry usa esta prueba mística para convencernos de la sinceridad del discurso de Doom, y eso es un ejemplo de su maestría para convertir una historia que podría pasar desapercibida en el estudio más emocionante de las motivaciones del villano más sobreexpuesto de la década.

Doomwar se encuentra en este momento (abril de 2010) en su tercer número de seis. Así que el que está interesado todavía puede buscarla por el medio que pueda. Dependiendo de cómo se resuelva y se replique a la excelente exposición de Doom, me valdría la pena conseguir el TPB.