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Despidos y líneas editoriales

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Una de las peores cosas que le pueden pasar a un medio es convertirse en noticia. Eso de autoproclamarse el “cuarto poder” pierde credibilidad cuando los trapitos sucios de casa se ventilan en público. Y la última década y algo, que yo recuerde, no ha pasado un año sin que alguno de estos pleitos internos se filtre al mundo exterior. Tenemos los negociados para controlar canales y periódicos durante el fujimorismo, la posterior revelación de estos negociados y el cambio de propietarios (irregularidades incluidas), que configuraría más o menos la actual estructura de medios en Perú, y en los últimos años cambios de directores, productores y presentadores en diarios y televisión, amparados en las líneas editoriales.

Para bien o para mal, algunos no pueden moverse sin levantar polvareda.
Para bien o para mal, algunos no pueden moverse sin levantar polvareda.

Entre tanta revolución, los que siempre acaban pagando pato son los periodistas. Hace unos años El Comercio y Perú21 tuvieron un sacudón en medio del caso Petroaudios, columnistas renunciaron, otros llenaron el vacío, y Augusto Álvarez Rodrich fue el estoicismo personificado mientras otros más sensacionalistas declaraban el apocalipsis de la libertad de prensa. Pero el resto siguió trabajando. Más recientes son las salidas aparatosas de Beto Ortiz, Jaime BaylyCarlos Álvarez, por mencionar algunos. Y el problema es que nos enteramos, y eso acaba degradando la imagen tanto de los medios como de los periodistas.

Puertas, Montero y Jara, los protagonistas del último culebrón detrás de cámaras.
Puertas, Montero y Jara, los protagonistas del último culebrón detrás de cámaras.

El último caso, a la fecha, es el despido de la directora general de noticias de América y Canal N, Laura Puertas, seguida de los productores Patricia Montero y José Jara, de Canal N, ambos canales parte del Grupo El Comercio, dentro del conglomerado Plural TV (El Comercio + Perú21 + Trome + Gestión + América Televisión + Canal N + La República). Montero ha alegado que  la medida se ha tomado en respuesta a que ella trataba de humanizar en sus notas al candidato Ollanta Humala, cuando la posición del medio en la segunda vuelta estaba tirada a favor de Fujimori (que se infiere es por un temor a la intervención de un gobierno nacionalista). Al poco tiempo, Mirko Lauer renunció al Consejo Consultivo Editorial de América, y otros periodistas planean dar también un paso al costado (aunque 3 días después de la renuncia siguen saliendo columnas de Lauer). Tratando de expresar de forma ambigua algo, los periodistas de Perú21 han dejado de firmar sus notas (una particularidad del medio). Los principales conductores de Canal N, sin embargo, se pronunciaron en defensa del canal y de las garantías de que se mantendría su libertad de expresión:

Hay varias lagunas en estas historias, aún tratando de ensamblar las recopilaciones de Caretas y Poder 360º, que me parecen las más completas. Por ejemplo, la conformidad de todo el grupo El Comercio con la parcialización hacia Toledo y luego, tras su declive, hacia PPK. La incoherencia de minar la estabilidad de tu propio medio ante una oferta de gobierno que no la amenaza directamente pero incluye un reordenamiento impreciso que bien podría terminar fragmentando el grupo Plural TV. La necesidad de embarrar a los García Miró / Miró Quesada por defender sus intereses de empresa ligándolos a un fujimorismo militante, lo que demuestra una radicalización necia en la misma concepción de la política peruana de los críticos (“o estás conmigo o estás con ellos”). Qué hace Fabricio Torres, ex editor de la tan criticada web de El Comercio, a cargo de un canal noticioso de 24 horas. Qué hacen los periodistas mismos actuando como si desconocieran los intereses y la línea editorial del periódico y haciéndose las víctimas por un proceso que no tomará más de mes y medio (después de las elecciones el resultado es prácticamente inapelable). Si pretendieran ser neutrales, informarían con neutralidad y su opción electoral no debería tener nada que ver con su trabajo, por tanto no habría por que renunciar.

Replico algunas reflexiones que se publicaron en el Diario Correo hace un par de días, en desorden:

1) Si eres un directivo ocupando un cargo de confianza y te la retiran, pues lo digno y lo profesional es renunciar inmediatamente y no permanecer hasta que te echen.

2) Me parece de quinta revelar públicamente conversaciones privadas que se han mantenido con otros miembros de la empresa o compañeros de trabajo. La infidencia y la deslealtad son las cosas menos profesionales que existen. Nunca escupas a la fuente donde has bebido.

3) No comprendo los discursetes y escritos solemnes de desaprobación o las alharacas y pataleos públicos sobre determinadas políticas de la empresa donde uno trabaja. Si no estás sustancialmente de acuerdo, pues lo tratas internamente (la discreción a menudo rinde más que el figuretismo), y si no concuerdas, pues te vas.

4) Los periodistas no tenemos corona. Como cualquier profesional, estamos sujetos a despidos. El puesto no es nuestro para siempre. En suma, no somos “seres excepcionales” (aunque muchos se crean eso).

La salida de personal de cualquier medio no debería ser nada del otro mundo. Pero ensombrece el panorama respecto a la independencia y la veracidad de lo que nos dicen. Mancha el lugar donde uno trabajó y la reputación de los ex compañeros que permanecen haciendo lo mejor que pueden. Y finalmente, te cierra las puertas de regreso en un futuro. Si hay algún propósito en el espectáculo que genera todo esto, tiene que ser influir en alguien, no sé si al público para que dé su confianza a otros medios, o a los propietarios para que cedan en sus reclamos, o a los colegas para boicotear los canales desde dentro. Veremos cómo se desarrolla la historia las próximas semanas (si es que va a algún lado).