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The perks of being a wallflower: Ser invisible, ser infinito

Regresando de ver The Perks of Being a Wallflower, casi con seguridad una de las películas que mejor han sabido conducirme emocionalmente en el año. Notoria por ser prácticamente el primer protagónico de Emma Watson desde Harry Potter, la película de Steve Chbosky (uno de los creadores de Jericho, una serie que lleva meses en mi lista de pendientes, y autor de la novela original del mismo nombre) cuenta la historia de Charlie (Logan Lerman), un chico solitario de primer año de preparatoria que mejora significativamente su vida gracias a los hermanastros Patrick (Ezra Miller) y Sam (Watson).

Si tuviera que encontrarle un referente, la llamaría la Almost Famous de esta década: Ambas cuentan historias de adolescentes con talento para escribir pero introvertidos en familias más o menos normales que son conducidos a una siguiente etapa en su vida por personajes a primera vista deslumbrantes, conducidas a través de estilos de música característicos de la generación (punto clave para conectar con la audiencia, en el caso de AF más 70’s Rock que el 80’s/Indie Rock de TPOBAW). Estos guías a la adultez mantienen también formas como el maestro benévolo (Philip Seymour Hoffman en Almost y Paul Rudd en Perks), la anti-heroína (Kate Hudson/Emma Watson), y algún paralelo que no termino de definir entre Billy Crudup y Ezra Miller.

Cuando empezamos a ver las diferencias es que identificamos el valor propio que aporta Perks más allá de ser la historia coming-of-age de turno. La novela original se escribió en 1999, algo que no sabía cuando la vi en el cine y me dejó rascándome la cabeza un tiempo por ver mix-tapes, máquinas de escribir y algún otro detalle que no recuerdo ahora. El mundo entero es distinto a los 70’s que mostraba Cameron Crowe. Los chicos parecen crecer más rápido (o aprender ciertas cosas antes de lo que los grandes esperan), así que este coming-of-age, o este rito de paso urbano/suburbano, tiene que ocurrirle a Charlie tres años antes que al “Enemigo” William Miller.

Como sigue siendo muy pronto para despertar a la madurez en un bus de gira con una banda de rock, groupies y demás, tiene que aprender de los chicos en el último año de su escuela. Esto le da a Perks una base más flexible para trabajar el desarrollo del personaje y las relaciones con sus “mentores”. Donde el “Enemigo” era un intruso, podemos decir que Charlie es casi “adoptado” por esta pequeña tribu de Patrick, Sam y sus amigos, todos con algo que los aleja del arquetipo de los chicos populares, y conectados por algo tan específicamente outsider como su pasión por el Rocky Horror Picture Show. “Welcome to the Island of Misfit Toys” (“Bienvenido a la Isla de los Juguetes Perdidos“), dice Sam en un momento como bienvenida a Charlie.

Los personajes de este grupo están todos en mayor o menor medida redondeados (aunque hubiera sido bueno ver algo más de secundarios muy secundarios Alice o Peter), aunque el centro emocional está en los hermanastros, sobre todo en Sam, y por supuesto en la historia de Charlie (pero eso lo trataré después). La definición de “wallflower” siempre se asocia a personas, sobre todo jóvenes, con dificultades para formar parte de la actividad social en su entorno. El giro que tiene este término es que se trata de gente mucho más interesante o con un mundo interior más rico que alguien que se adapta fácilmente al mundo, y en cierta forma el anticipo (recordemos que hablamos de un texto del ’99) del “los nerds dominan el mundo” de los últimos años, pero mucho más emocional y empático que la intelectualidad casi aspergeriana y antipática de un Sheldon Cooper. Y eso está muy bien logrado, las motivaciones, inseguridades, frustraciones sobre sí mismos y respecto el uno al otro en este grupo de adolescentes están ahí y ayudan a sacudir al espectador a través del espectro emocional como una tormenta perfecta.

El tratamiento de la película en sí mismo nos muestra la perspectiva del protagonista, Charlie. Hay muchos detalles del pasado del protagonista que no se nos revelan al inicio de la película (es difícil ser más específico sin arruinar los golpes de efecto), y Chbosky usa los flashbacks de una forma muy especial: Son parte del punto de vista de Charlie, de la forma en que él asocia su pasado con lo que ocurre y también cómo éste interfiere con su nueva vida (evitando los spoilers todo lo que puedo). No es nada nuevo, pero es uno de esos casos donde cabe perfectamente en el personaje y sirve a la historia, sobre todo en el último tramo.

Hay toda otra dimensión a considerar si revisamos la relación de Charlie con sus libros y escritos. Las “cartas” que escribe a un “amigo imaginario”, además de ser un excelente recurso para mostrar la soledad del muchacho y su estado de ánimo, siguen presentes cuando hace amigos nuevos, al igual que sus reportes de libros en la clase del profesor Anderson (Paul Rudd). Inclusive un regalo y una respuesta en particular que le da Anderson a su alumno contribuyen a un momento clave del hilo argumental de Charlie y Sam. Los libros, o la literatura en general, se convierten en una de las luces al final de un túnel bastante oscuro. Y junto a todo el complejo de relaciones y experiencias por las que vemos pasar a los protagonistas, ayudan a nuestro wallflower, el invisible, el introvertido, a abrirse a esa parte del mundo dispuesta a acogerlo y sentirse, quizá por primera vez, parte de algo más grande que sí mismo. O como diría Charlie, infinito.