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Contenidos personalizados, la necesidad de los premios y Ricky Gervais

En un mundo donde uno puede curar o poner las pautas de su consumo personal de contenidos, incluidos música (Grammys), películas (Oscar/Globos de Oro) y series (Emmys/Globos de Oro),  ¿son necesarias las ceremonias de premios?

Digamos que hasta hace unos años las ceremonias anuales de premios eran los eventos que definían los mejores trabajos en cada medio. Uno podía saber, por ejemplo, que era indispensable ver Schindler’s List o Titanic porque así lo declaraba la prensa internacional o la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Y ellos eran los que sabían todo lo que había que saber sobre las películas, ¿no?

Este razonamiento también orientaba las decisiones de las salas de cine y, en menor medida, el alquiler de video. Las nominadas seguras iban a cartelera, aunque no ganaran (¡Scorsese!) y conseguirte Braveheart en VHS era motivo de cancelar cualquier plan y tener una tarde de películas con la familia. Pero también significaba que alguna película no considerada por los jueces corría el riesgo de quedar fuera del radar (excelentes ejemplos aquí). El problema de concentrar la luz en un punto es que la penumbra alrededo se oscurece todavía más.

Me he concentrado en ejemplos noventeros porque a) es lo más lejos que puedo llegar ahora de memoria y b) quiero saltarme todo el periodo de transición al mundo de social media, streaming por suscripción y reseñas generadas por usuarios.

¿Para qué, ahora, tengo que  escuchar una vez al año qué es lo mejor que ha pasado por las salas de cine este año? Y peor aún, ¿los gustos de la Academia, la HFPA, los gremios de actores, directores, guionistas, críticos y todos los miembros del ecosistema de Hollywood coinciden con los míos?

No se trata tampoco de que Rotten Tomatoes o la IMdB le hayan quitado importancia a los gremios o a la prensa especializada. Pero la suma de acceso a la información y pluralidad de opiniones le da al usuario/espectador opciones, y la posibilidad de quedarse con la que más le convenza. En consecuencia, puedo decidir que la mejor película de 2013 fue Iron Man 3 o The Great Gatsby en lugar de 12 Years a Slave.

De hecho, Rotten Tomatoes publica desde el 2000 los Golden Tomato Awards. Difícilmente Mad Max: Fury Road se llevará un premio “oficial” este año. Pero todos los niveles en los que esta película se ha destacado se reflejan en un 97% de reseñas positivas (323 contra 10). Es decir, al margen de quién tenga la razón, esta pluralidad de opiniones le resta valor absoluto a la palabra “mejor” y la convierte en un mero valor relativo: “la mejor para…”.

En el plano de la distribución, tampoco es necesario el criterio de autoridad para definir qué películas tendrán mayor o menor acogida. De hecho, el home video ha sido desplazado por el modelo de streaming que lideran Netflix y Spotify, donde la abundancia de catálogo (géneros, años, formatos, nacionalidades), la falta de restricciones de espacio (solo se borran los contenidos cuando vencen los derechos), y los algoritmos de preferencias (más allá del ranking, las búsquedas, reproducciones y hábitos de cada usuario crean recomendaciones únicas) han replanteado las reglas del juego, sin amenazar, al parecer, la industria de las salas de cine (PDF).

¿Qué le queda, entonces, al mundo tradicional de la ceremonia, alfombras rojas, derechos de transmisión televisiva, y otras hierbas? El entretenimiento. El papel de maestro de ceremonias ha estado a cargo de comediantes prácticamente desde siempre en los Oscar y desde el 2010 en los Globos. Y el hecho de que específicamente los Globos, que solo tuvieron anfitrión previamente en 1995, hayan adoptado a Ricky Gervais año tras año a pesar de las quejas y de jurar cada vez que no volverá, me sugiere que ese humor corrosivo, del que la gente sigue hablando durante meses incluso, es lo que busca la producción el evento. Incluso en el periodo 2013-2015 tuvimos a Tina Fey y Amy Poehler, que sin ser tan ofensivas, tampoco se tratan de las presentadoras más políticamente correctas.

Es decir, estamos en un momento donde la ceremonia tiene más significado que el premio mismo. La conversación en línea se centra en los chistes del maestro de ceremonias, de los invitados, la alfombra roja, pero muy poco de las películas. Y probablemente esté bien. Tenemos todo el resto del año para hablar de ellas. Claro está, cuando terminemos de hablar de las introducciones de Gervais.